Animal escaso
El guerrero se sentó entre las raíces de árbol que cubrían el suelo. Se apoyó sobre el tronco y sacó su cuchillo de mango de nácar. En la otra mano sostenía el cuerno. Estaba siguiendo instrucciones. Mata un unicornio. Arráncale el cuerno. Parte el cuerno en siete y tállalo hasta que no quede más que polvo. Mezcla el polvo con vino. Tómate la mezcla. Mientras partía el cuerno, recordó las palabras de la bruja: serás el hombre más poderoso del mundo, eterno entre los mortales. Sintió un escalofrío. Placer y miedo. Pensó en lo que había hecho. El acecho en el bosque, nueve días y nueve noches, observando el mismo claro hasta que el unicornio apareció. La luz del sol se filtraba entre las copas y se reflejaba sobre el blanco pelaje. Irradiaba paz. Una flecha del guerrero no fue suficiente. Tuvo que llenarle el cuello de puntas, de metal, hasta que la sangre manchó el blanco pelaje. El guerrero se acercó al animal y vio en sus ojos moribundos un atisbo de misericordia. Piedad p...