Sobremesa

Es una casa larga en forma de ele. Los cuartos se reparten, simétricos, a los lados del único pasillo. Cada habitación tapizada con telas naranjas, rojas o crema. Todo, incluyendo los muebles, huele a década pasada, a una época remota de tiempos tristes, a nostalgia rancia. Sin embargo, esta casa es su primer hogar, quizá el único. Se ha encariñado con el gran sofá de la sala, sus cojines anchos se levantan y con ellos construye casas, puentes, refugios. Hay un viejo futbolito y una mesa larga sobre la cual comen los sábados que papá regresa de la ciudad. Si le dieran a escoger, ella comería siempre en la cocina. Las cosas están más cerca en la cocina. Cuando se trasladan al comedor, la vida se congela sobre la mesa. Se instala una felicidad forzada, una parodia de la felicidad, una comedia vana. Hay algo terrible cuando uno se esfuerza de más. Los sábados su madre cocina, lo que no hace casi nunca. Elabora platillos sofisticados y sonríe, lo que hace rara vez. Sirve y sigue sirviendo, habla y sigue hablando como si con sus palabras pudiera llenar el vacío. Se teje una conversación cordial, interesante, una cita entre desconocidos inteligentes. Los temas personales quedan fuera. Se discuten las elecciones, la historia, las dos guerras. Le parece bien, le parece sano y le gusta participar, dar su opinión y fingir que sabe de lo que se está hablando desde la altura de sus diez años. De pronto se escucha un grito. Su hermana llama desde la recámara y su madre se levanta sin decir nada, corre al otro lado de la casa. Se quedan su papá y ella en la mesa. No tienen nada que decirse. Intercambian algunos comentarios, el silencio cae. Los ojos azules de él están apagados, se pierden en la ventana del jardín. Entre ellos, en suspenso, crece la distancia. Luego terminan y ella deja los platos apilados sobre la tarja. El sol entre por la ventana, ella contempla la hierba que crece sin cuidado. El sábado se evapora, con lentitud, con pesar, como su infancia.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ánimas

Jambalaya Club

La espuma negra