La venganza de Akiko Morikate
Del balsero, alcanzaba a ver la nuca y el nacimiento del pelo debajo del sombrero de junco. Akiko se puso de pie. La brisa se había levantado y le salpicaba el rostro. La isla comenzaba a dibujarse entre la niebla y, en el punto más alto, podía distinguirse los relieves del castillo de Shiko. Akiko sintió su corazón acelerarse. Con verlo a lo lejos reconstruía en su mente cada una de las habitaciones en las que había transcurrido una infancia feliz y apacible. Pensó en la madre que nunca había llegado a conocer y en el padre cuyos brazos pronto estrecharía. Empezó a elaborar planes para el verano que acababa de iniciar. La humedad se pegaba a la piel de sus brazos y sobre su cuello, pero ella saboreaba el rencuentro con los paisajes de agua y azul. Cuando los árboles se tornarán naranjas, ya tendría que estar de regreso en Kyoto. Tenía mucho que contarle a su padre sobre sus alumnos, sobre la ciudad que cambiaba constantemente y sobre el emperador. Su padre, Kitamura, respetado ha...