
Se vieron por última vez entre las cenizas de un mundo que ya no existía. La nube apenas empezaba a rescindir y, entre el cielo obscuro, filtraba una luz eléctrica. Sobre la superficie, a cada paso, se levantaba el polvo blanco que lo había cubierto todo.
Se acercaron con lentitud. Ella elevó las manos y le tocó el rostro. Buscó sus facciones con los dedos y sólo después, se atrevió a mirarle a los ojos. Él hizo lo mismo y pasaron largo rato en la inmensidad del vacío, en la tierra de nadie.
Pero ni siquiera los minutos de una eternidad suspendida serían suficientes. Era inútil, no se reconocían, palabras se habían perdido entre ellos. Cada uno partió de donde había venido, desde la nada hacia la nada.
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