Invierno nuclear

Se vieron por última vez entre las cenizas de un mundo que ya no existía. La nube apenas empezaba a rescindir y, entre el cielo obscuro, filtraba una luz eléctrica. Sobre la superficie, a cada paso, se levantaba el polvo blanco que lo había cubierto todo. Se acercaron con lentitud. Ella elevó las manos y le tocó el rostro. Buscó sus facciones con los dedos y sólo después, se atrevió a mirarle a los ojos. Él hizo lo mismo y pasaron largo rato en la inmensidad del vacío, en la tierra de nadie. Pero ni siquiera los minutos de una eternidad suspendida serían suficientes. Era inútil, no se reconocían, palabras se habían perdido entre ellos. Cada uno partió de donde había venido, desde la nada hacia la nada.

Comentarios

Víctor Sampayo ha dicho que…
No se reconocen en medio de las ruinas. Parten ambos desde la nada hacia la nada... Me recordó una obsesión recurrente cuando por azar me topo con una persona que no veía desde hace mucho, o cuando evoco el cómo conocí a alguna otra: los mapas. Cada uno de nosotros es un punto en la tierra, la huella de un alfiler, y estamos en continuo movimiento, trenzando trayectorias con personas (otros puntos de alfiler) que serán meros personajes secundarios en nuestras vidas o que de plano jamás conoceremos; pero, ¡ay!, quizá en algún momento estaremos muy cerca (tan cerca que parece una broma de la eternidad), de alguien que será muy importante en el futuro o que lo fue en el pasado. Por supuesto, la paradoja radica en que estamos condenados a nunca darnos cuenta de ello.

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