
No la conocía, ni ella a mí. El bar no era de los que suelo frecuentar ni ella era mi tipo de chica. Comenzamos a platicar después del cuarto tequila y lo que nos dijimos fue irrelevante.
Yo no tenía el corazón roto ni el alma pisoteada, no me faltaba dinero ni fiestas a las que asistir. Pero estaba cansado de los viernes, de los días, de mi ropa y de mi cara en los reflejos.
En su departamento, sonaba la voz lánguida de Nina Simone:
I want a little sugar in my bowl/I want a little sweetness down in my soul. Me gustaron también las fotografías que adornaban las paredes.
Me perdí en el dragón que abría sus alas de tinta en su espalda, en la serpiente enroscada sobre el hueso de su cadera, en el sabor a tabaco de su aliento y el limón de sus labios. Tomé refugio en su cuello y me sumergí en la piel de sus hombros.
Ella agarró mi cabeza entre sus manos, se acercó a mi oreja y suspiró: apresúrate despacio.
Luego me hundí en una obscuridad espesa, una noche cuyo único amanecer fue el de una cama vacía donde dejé mi sombra y perdí el apetito. La nota sobre el espejo rezaba: ¿qué haces todavía aquí?
Comentarios
me encantó el mensaje del espejo!!!
y sabes qué me gusta? el que ... no sé, me imagino mucho el sabor a tabaco, el limón, los tequilas.. la situación pues..
un beso
Pao
... Gimmie sum suga, I am yo neighboor!
Un beso
Un abrazo
Un abrazo