
El guerrero se sentó entre las raíces de árbol que cubrían el suelo. Se apoyó sobre el tronco y sacó su cuchillo de mango de nácar. En la otra mano sostenía el cuerno.
Estaba siguiendo instrucciones.
Mata un unicornio.
Arráncale el cuerno.
Parte el cuerno en siete y tállalo hasta que no quede más que polvo.
Mezcla el polvo con vino.
Tómate la mezcla.
Mientras partía el cuerno, recordó las palabras de la bruja: serás el hombre más poderoso del mundo, eterno entre los mortales. Sintió un escalofrío. Placer y miedo.
Pensó en lo que había hecho. El acecho en el bosque, nueve días y nueve noches, observando el mismo claro hasta que el unicornio apareció. La luz del sol se filtraba entre las copas y se reflejaba sobre el blanco pelaje. Irradiaba paz.
Una flecha del guerrero no fue suficiente. Tuvo que llenarle el cuello de puntas, de metal, hasta que la sangre manchó el blanco pelaje. El guerrero se acercó al animal y vio en sus ojos moribundos un atisbo de misericordia. Piedad por el miserable asesino, por el futuro heredero al trono.
El guerreo miró el polvo en la grieta de su mano y pensó en los miles de años que pasaría sintiéndose un monstruo. La eternidad que le esperaba se le antojó insoportable.
Avanzó hacia el castillo y en el camino arrojó el polvo. Había decidido quemar a la bruja.
Cerca de la vereda, creció un árbol, cuyos frutos, rumoran los habitantes, hacen rejuvenecer a quien se los come.
Comentarios
Antes de que este día acabe emito una sonrisa desde muy adentro y robo un poco de polvo de unicornio para bien soñar.
Un abrazo.
4 Words:
We Want More Ninja
I love it!! Drama, drama!
Bss
Pao